Hechos como verdades
“Que el individuo se salve, si no, la vida no tiene sentido”
Julio Cortázar
- Dependemos de muchas cosas para estar bien porque pensamos demasiado en el ayer.
- Ponemos música para poder llorar porque todo se nos atora en los ojos y duele. La tristeza es algo apabullante. ¿Cuál es el símbolo de la tristeza? No es el llanto, ni siquiera el dolor. Es el sufrimiento. En el fondo solo buscamos estar con nosotros mismos; queremos que nos dejen en paz. Quisiéramos que nadie nos notara; como seres invisibles.
- Nos duele el mundo como si lo sostuviéramos con los ojos. La tristeza es aplastante. La mente a veces nos secuestra. Es una decepción pensarnos como rehenes de nosotros mismos.
- Estamos atrapados. Somos volcanes a punto de hacer erupción, con la lava acumulada en el medio de la frente y detrás de la nuca, donde guarda la locura sus dolores. Estos cuerpos son una cárcel, una cabina de presión que solo la muerte puede hacer estallar. En la muerte no hay presión, no hay deber, no hay pretensión. Es absoluta. “En el cielo no hay hospital”. ¿Podemos morir todos los días para volver a nacer? “Yo no sé nada del tiempo. Yo soy nuevo cada día. Nazco cuando me despierto por la mañana, envejezco durante el día y muero por la noche cuando me duermo”, dice Paul Auster.
- Abandono, traición, tristeza, muerte, locura. ¿Por qué no nos aman como queremos que nos amen?
- El cuerpo se queda en estado de alerta al caer en la cuenta de responsabilidades y urgencias que inventa nuestra mente. Lo único que nos salva de esa trampa es que se nos mueva el alma por dentro del cuerpo, que nos despierte.
- Somos globos gigantes rellenos con pintura espesa a punto de reventar; explotados por una aguja puntiaguda y brillante. Todo el tiempo estamos esperando esa explosión.
- Los pensamientos catastróficos nos invaden cada que estamos en calma o estamos disfrutando. Es cuando el miedo nos arrebata los sueños y la calma. Como si dijera: no te voy a dejar en paz, nunca vas a descansar.
- A veces nos odiamos, nos decepcionamos por todos.
- Siempre estamos mareados por la ansiedad. Nos brincan los ojos o sudamos, o nos duele el estómago o sentimos que un calor inexplicable nos invade por dentro. Todo de la manera más incómoda posible.
- La muerte conmueve nuestra esencia en sus dimensiones más espirituales y desarticulables. Que nos tiren magnolias. Cuando muramos, no nos lloren, que nos canten, con amor y pasión, desde lo más profundo de su corazón.
RM



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