Sobre la escritura

Por más orden que quiera poner a mis cuadernos, la verdad es que una nunca sabe cuándo va a necesitar escribir algo donde sea. El caos de la escritura conectada con los pensamientos es necesario para alimentar la creatividad. Esto tiene vida propia. Inútil es encausar la ubicuidad. Déjalo fluir, me digo. 

¿Cómo sentir lo que una desea escribir? Dice Bolaño que estamos todos escribiendo el mismo libro. Si no está esa especie de swing, de tono o de ritmo que tiene nuestra escritura, decía Cortázar, lo desechamos, porque de alguna manera no es lo que se quiere escribir. Tiene que tener ese algo que simplemente sabemos que ES. Es una intuición. Algo me dice que aún no encuentro lo que quiero escribir. Escribo y escribo y empiezo y lo intento pero no llego a ningún lado. Parecen solo obligaciones; práctica, tal vez. “Cada libro es un libro menos para llegar al libro que queremos escribir”, decía también Cortázar. “Y tal vez nunca lleguemos a escribirlo porque probablemente moriremos antes”. ¿Qué quieren decir los escritores (porque éstos son hombres) cuando dicen que los cuentos ya están escritos? ¿Es algo así como una iluminación? -¡Qué más quisiera yo!-, Decía Bolaño que decía Antonio Machado. ¡Qué más quisiera yo! Lo que tengo son solo cúmulos de ideas, torrentes de posibilidades las que invaden mi mente; infinitas; me condenan a una indecisión como laberintos, cuyos caminos están todos bloqueados; ni una salida real. 

    ¿Pero qué me dices de esa sensación adictiva y placentera de deslizar la pluma sobre el papel? Sobre todo si la pluma y el papel se llevan bien, si se sincronizan; si la pluma se siente cómoda en la superficie. Se siente como cuando algo que teníamos planeado sale como esperábamos. "Para escribir la más simple de las líneas involucramos a todo el cuerpo", dice Cristina Rivera Garza, al contar la experiencia de transcribir a su hermana Liliana y a Modesta Burgos, una mujer encerrada en el manicomio La Castañeda en la época posrevolucionaria en la Ciudad de México. ¿Formas de escribir? Ah, sí. A mano, pausado, lento, a tiempo, con dedicación. En computadora se goza el sonido de las teclas, sonando una tras otra con velocidad y armonía; es un gesto, igual que la poesía, como decía Bolaño; una expresión que va al ritmo de los pensamientos veloces de la mente. 

    ¿Y la letra? Habla Cristina también sobre lo poderosa que es la letra. ¿Conoces las letras de quien amas? De mamá, sí, manuscrita. De papá, sí, puras mayúsculas. De tu hermana, sí; la mía es casi igual a la suya porque soy una extensión de ella. Mi letra se parece a la suya como un gesto de respeto. Hay diseñadores que vectorizan las letras de los grandes escritores para diseñar tipografías completas. Una puede escribir con la letra de Kafka su propio libro. Cristina Rivera Garza recibió la tipografía de su hermana Liliana como un regalo. Es fuertísimo. Muy personal. "Es una aproximación espiritual", dice Cristina. 

    Pero lo que escriba no perdurará. ¿Entonces qué sentido tiene? ¿Cuántos libros dejaremos sin leer a nuestro paso? ¿Cuánto vamos a ignorar al momento de nuestra muerte? Ser conservadores tampoco sirve para esto. Nos quedaríamos estancados en las referencias, en los cánones, en los estilos, en los absolutos, en el no cambio, ¿Y para qué? Sería aferrarse a algo inexistente; desechar lo nuevo. Lo Diferente. Menospreciar. Rechazar. Me parece que un libro es una flecha, un dardo que sale con fuerza desde el arco de las emociones de los corazones humanos. Botellas lanzadas al mar, mensajes intencionados cuyo puerto es otro corazón apto para lanzar los propios. Son entendimientos. Hay títulos que nos crecen el pecho como si se nos encendiera una hoguera en el medio. “Todos los fuegos el fuego”, como Cortázar. ¡Pum! Son poderosos, fuentes de energía y de símbolos. De ganas, de deseo. ¿Cómo saber cómo se va a llamar tu libro, es posible? Tan simple como agitar la varita mágica -“Será esto porque yo digo”-, ¡plam! ¿Cómo escribir algo que no sea igual a todo lo demás que ya hay? ¿Cómo salirse de las fórmulas? Tal vez no queda más remedio que leer sin descanso y confiar en las intuiciones, en los swings que vayamos encontrando en este, sin duda alguna, larguísimo camino. 

RM




 

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